“¡Cuando los “liberales” se disputan las bendiciones!” por Jesús Ortega M.

10, noviembre, 2015 / Artículos / Nueva Izquierda

Hay un ridículo conflicto entre algunos políticos (dirigentes partidarios, gobernantes —incluido el Presidente de la República— y legisladores) para asegurar que el papa Francisco —ahora que vendrá a México— asista a sus actos, los que desean organizar de manera exclusiva.

“Que sólo debe de ir al Estado de México, que sólo a Chiapas o que también a Jalisco”, etcétera. ¡Pero el colmo es la pelea entre algunos legisladores para que sólo asista al Senado o a la Cámara de Diputados!

López Obrador —más “astuto” y más oportunista— se les ha adelantado y, gracias a los buenos oficios de algunos personajes de la jerarquía católica mexicana, pudo entrevistarse con el obispo de Roma para entregarle una “medallita”. El dirigente de Morena regresó al país con el trofeo político de la bendición papal y con una sonrisa socarrona que a todos enseña.

Para no quedarse atrás del bendecido, varios legisladores, entre ellos el mismísimo presidente del Senado, y otros prominentes diputados, se han apresurado para presentar puntos de acuerdo que, votados en sus respectivas asambleas, sirvan de presión política hacia la cancillería mexicana como a los mandos eclesiásticos, para que Francisco se haga presente en los recintos parlamentarios y desde “la más alta tribuna de la nación” mande un mensaje al pueblo mexicano.

De lograrse esta pretensión, se estaría en una circunstancia de afectación a la condición laica del Estado mexicano, pues el obispo de Roma viene a México en su condición de líder religioso del catolicismo y, de ser así, como lo es, el Congreso mexicano, según nuestra Constitución, tendría que abrir sus puertas a cualquier otro líder de cualquier otra religión. Lo tendría que hacer, si nos visitara, con Seyyed Alí Jameneí, el máximo líder religioso de los musulmanes chiitas que vive en Irán; tendría que hablar desde la tribuna del Congreso mexicano el patriarca de Constantinopla, el primus inter pares de la Iglesia ortodoxa; igualmente debieran decir un discurso desde el micrófono del Congreso mexicano Shlomo Moshe Amar, el gran rabino sefardí; o Yona Metzger, el máximo rabino ashkenazí que reside en Israel y, desde luego, también tendrían derecho, según nuestras leyes, algunos de los más prominentes liderazgos de las diversas iglesias evangélicas que existen en el mundo. Y esto no podría ser de otra manera, debido a que, igual que hay mexicanos católicos, los hay judíos, musulmanes, evangélicos, budistas… etcétera, etcétera, e incluso hay quienes no profesan religión alguna.

Los legisladores mexicanos tienen, desde luego, el derecho constitucional a profesar el tipo de religión que deseen, pero el Congreso de la Unión, como institución del Estado mexicano, que es LAICO, representa a TODAS y TODOS los mexicanos, independientemente de la religión que profesen y, desde luego, representa también a quienes no profesan rito religioso alguno.

El Papa no vendría a México en su condición de representante de un Estado; esa es una argucia de quienes ahora mismo continúan pretendiendo instalar en nuestro país una especie de religión oficial y que son los mismos que se oponen a la condición laica del Estado mexicano, es decir, que se oponen a garantizar para todas y todos la libertad de profesar o no una religión y asegurar el derecho a decidir, en su conciencia, a cuál se adhieren.

Alguno de estos legisladores promoventes de la presencia del prelado católico en el Congreso mexicano argumenta que Francisco habló en el Congreso de Estados Unidos de América. Pero ese no es un buen argumento, pues en ese país crece de manera alarmante la doctrina conocida como theonomy —fundamento de las normas jurídicas en Dios— y que básicamente consiste en “establecer que las leyes civiles deben estar sujetas al reconocimiento de Dios como fuente soberana del derecho, de la libertad o del gobierno” (Gustavo Zagrebelsky. Contra la ética de la verdad, editorial Trotta).

La theonomy, que cada vez con más insistencia se adopta en EU, es esencialmente contraria a la laicidad, que es parte de la sustancia jurídica en la que se sostiene la Carta Magna de los mexicanos y mexicanas.

Una parte de los legisladores mexicanos está en su derecho de tener como guía religioso a Francisco, pero ello no puede conducirlos a confrontar y a violentar nuestra Constitución.

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