“De mártires adoloridos” por Jesús Ortega

12, enero, 2016 / Artículos / Nueva Izquierda

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Para cuando aparezcan publicadas estas líneas en Excélsior, ya se habrá reunido el Comité Ejecutivo Nacional del PRD y habrá adoptado resoluciones que tendrán un importante impacto en su vida interna y en su influencia social y política hacia el conjunto del país.

Esas decisiones de los dirigentes del perredismo no son poca cosa, sino, en sentido diferente, son muy importantes, pues se trata de la política de alianzas de este partido en la coyuntura electoral de 2016. Y más significativo aún: se trata de decidir si el principal partido de izquierda en México continúa siendo una fuerza capaz de contribuir para impedir una restauración del sistema político de partido cuasi único.

La izquierda en general y el PRD en lo particular, fueron durante las últimas cuatro décadas, actores fundamentales para terminar con el régimen de partido de Estado y han sido, también de manera muy significativa, factores para impedir cualquier intento de restauración autoritaria.

Hoy, en el marco de una situación particularmente compleja desde el punto de vista económico y de una creciente desigualdad social en México, el PRD debe seguir configurándose en un dique para impedir la restauración autoritaria.

Trato de explicarme: hoy el PRI tiene la mayoría simple en la Cámara de Diputados; es la primera fuerza en el Senado y, al terminar 2016, podrían estar bajo su dominio 23 entidades federativas (más de dos tercios de las existentes).

Podría avanzar la restauración autoritaria a pesar de la desastrosa administración de Peña Nieto, a pesar de sus deplorables actos de corrupción, de su creciente rechazo ante la población. En su situación de mayor deterioro, podría el PRI, en terrible paradoja, refrendar la Presidencia de la República.

¿Por qué podría acontecer tal contrasentido social y político? ¿Por qué un gobierno con tan enorme repudio ante la ciudadanía podría mantenerse en el gobierno del país? Ello sucedería debido a que los cambios de gobierno, los cambios de régimen, se suceden no sólo porque los que se encuentran en el poder se han desgastado y debilitado, sino, además, porque, paralelamente, se han constituido otras organizaciones políticas que son capaces de surgir como fuerzas emergentes y alternativas.

¿De qué sirve, por ejemplo, que Peña Nieto sea en la historia reciente del país el Presidente más impopular, si los contrarios, los opositores, se envuelven hasta asfixiarse en su fútil arrogancia, en su pequeñez política?

¿De qué sirve que crezca ante la población el rechazo hacia el gobierno priista, si los liderazgos opositores democráticos prefieren continuar escenificando el papel de héroes derrotados, de mártires adoloridos, pero siempre vencidos? ¿De qué sirve que crezca el rechazo al PRI en varias entidades federativas si la oposición que quiere avances democráticos no es capaz de sacrificar sus miserias y vanidades, para sumar fuerzas y construir gobiernos plurales con programas democráticos y de bienestar social?

El asunto de las alianzas electorales debiera verse con menos dramatismo y con mayor sentido práctico. Se debieran ver las alianzas como instrumentos tácticos, coyunturales, para ser utilizados en los propósitos de alcanzar objetivos de mediano y largo plazos. Esos objetivos debieran ser, cuando menos, los siguientes:

-Que se logre la alternancia en las entidades en donde, hasta hoy, sólo ha gobernado el PRI desde principios del siglo pasado.

-Que la fuerza más influyente de la izquierda mexicana continúe siendo el PRD, ello a partir de impulsar y materializar un programa igualitario, democrático, progresista y avanzar en la conquista de más gobiernos de izquierda en las entidades federativas y en los municipios.

-Que en México no se restablezca una hegemonía electoral y política del PRI para, con ello, impedir la regresión hacia un régimen de partido de Estado.

-Que a partir de victorias en los estados más importantes, desde el punto de vista electoral, la izquierda avanzaría con mayores posibilidades para el proceso electoral presidencial.

 

 

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