“El ahijado de Chiapas” por Jesús Ortega M.

21, julio, 2015 / Artículos / Nueva Izquierda

Por: Jesús Ortega Martínez 

En el proceso electoral de Chiapas del pasado 19 de junio se presentaron más de ¡25 opciones de partidos o coaliciones! para que, de todas éstas, los electores de esa entidad… optaran por una.

Para que eso pudiera ser posible, en muchos municipios y distritos las boletas de votación estaban impresas ¡por ambos lados! Esto es inédito en el país, pero seguro estoy que asimismo sería en cualquier parte del mundo.

Esto sucede no porque exista en Chiapas una extraordinaria cultura democrática desde la cual muchos ciudadanos se presentaron como candidatos independientes o porque otros formaron, por su extraordinaria iniciativa política, nuevos partidos. ¡No, esa no es la realidad!

En sentido diferente, la existencia de tantas opciones electorales es resultado de una vulgar maniobra del gobernador del estado para inventar partidos con el propósito de dispersar el voto y, de esta manera, asegurar para la coalición PVEM-PRI la mayoría en el Congreso local y el control de la gran mayoría de los ayuntamientos de esa entidad.

A esta maniobra hay que sumar otras aun más grotescas, como las de la compra de los votos en una buena parte de los ayuntamientos o la presión a los pueblos y las comunidades indígenas para votar por el PVEM y sus múltiples “coaliciones”, so riesgo de suspenderles los apoyos de los programas sociales y terminar con otro tipo de prerrogativas.

Esto es posible hacerlo con impunidad en razón de que en Chiapas, como es conocido, 97% de sus recursos presupuestales proviene de la Federación y casi 60% de los habitantes de esa entidad obtienen la totalidad o una parte de sus ingresos vía un empleo del gobierno estatal, de los municipios, de las múltiples delegaciones u oficinas de carácter federal o de algún tipo de prerrogativa, convenio, concesión o apoyo derivado de los programas asistenciales del gobierno. A los empresarios, por ejemplo, la vía de las concesiones de obras del gobierno les es vital; a los medios de comunicación locales —salvo poquísimas excepciones—, los “convenios de colaboración” les son imperiosos para su existencia, y como un extremo de la dependencia a que está sujeta la mayoría de la población chiapaneca, existen los “apoyos” de los cientos de programas sociales que les son, literalmente, indispensables para su sobrevivencia.

Chiapas, como ninguna otra, es la entidad del país que casi en su totalidad depende económicamente de los recursos fiscales de la Federación.

Esta dependencia provoca, entre una buena parte de la población, ausencia de lo que llamamos ciudadanía y, consecuentemente, ausencia de una vida y una cultura democráticas. Por eso, las elecciones en esa entidad —como en otras de condición similar— no son un evento ciudadano para que los votantes ejerzan su soberanía, sino que son un proceso perverso que organiza el gobierno para que un individuo mantenga un control político sobre la población. Éste, el gobierno, decide cómo se hacen las elecciones y, desde luego, resuelve de antemano cuáles serán los resultados.

Pero el caso es aún más grave cuando el gobernador de Chiapas tiene evidentes aspiraciones para ser el próximo Presidente de la República y éstas son avaladas, justificadas y apoyadas por el actual encargado del Ejecutivo federal.

Velasco ha creado una extensa red de intereses económicos y de apoyos políticos que le permiten actuar con la más grosera impunidad en Chiapas. A Peña Nieto le dice “padrino”, pero el padrinazgo político lo extiende a Manlio Fabio Beltrones, a Osorio Chong, a Videgaray, a Sabines, a Jorge Emilio González, a Emilio Azcárraga y a otros muchos personajes que le protegen en sus tropelías.

La más reciente es esta vergonzosa elección, en donde, aparte de lo ya mencionado, hay que agregar el uso grotesco del Instituto Electoral de Participación Ciudadana (IEPC) para convertir una elección en un evento utilitario para sus aspiraciones personales. Pero, además, desacata al Tribunal Electoral de la Federación, humilla al Instituto Nacional Electoral, menosprecia y ningunea a la Fiscalía para Delitos Electorales, utiliza descaradamente los recursos públicos para favorecer sus objetivos políticos, ¡y nada sucede, porque tiene poderosos “padrinos” que, sabe, lo protegerán!

Ésa es, lamentablemente, la situación en Chiapas y en eso derivaron las pasadas elecciones.

 

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