Menu

“¿Hannibal Lecter?”por Jesús Ortega

0 Comments

En el ya muy próximo 7 de junio se va a definir la nueva composición partidaria de la Cámara de Diputados federal; además, se resolverá qué partidos asumen los Ejecutivos estatales en nueve entidades aparte de los Congresos locales y, junto a lo anterior, se renovarán los cabildos en una buena parte de los municipios del país. Habrá un reacomodo de las fuerzas partidarias en una buena parte del país que podría reorientar el rumbo de las decisiones políticas fundamentales. Siendo esto muy importante, no es la única definición que está en juego: Hay otra, sin embargo, quizás más importante para México. Me refiero a la contienda sorda, oculta y frecuentemente imperceptible para la mayoría de la población.

Esta batalla es acerca de lo que debe prevalecer —como el elemento sustantivo— en la resolución de los grandes problemas nacionales: es decir, la visión de lo público sobre lo privado, lo particular o en sentido diametralmente contrario, la concepción privada sobre el interés público.

Para tratar de explicarme pondré un ejemplo. Desde poderosos medios de comunicación, desde igualmente poderosos grupos económicos y desde algunos grupos insertados en el propio gobierno priista, se ha diseñado y puesto en práctica una gran campaña mediática para descalificar, desprestigiar, desvalorizar todo aquello que tenga que ver con la gestión pública acerca de los temas nacionales. Así sucede en el caso del intenso y permanente ataque a los partidos políticos que ha logrado que una parte de la población los identifique como la mayor maldad imaginable, un Hannibal Lecter colectivo, el origen del mal. Por ello, algunos periódicos y otros sectores de la derecha apoyan con todos sus recursos a los candidatos que la ley identifica como independientes. No importa quiénes sean, de dónde provengan, cuál sea su trayectoria política o sus antecedentes. Para esos medios no importa si son delincuentes o ladrones, si han cometido graves ilícitos pues los seguirán apoyando sólo por el hecho de que confrontan al sistema de partidos, es decir, contradicen lo público en las decisiones políticas.

El otro ejemplo es el del Instituto Nacional Electoral. Aprovecho este caso para decir que es frecuente que lo público se confunda con lo gubernamental. Claramente son dos cosas diferentes, pues hay gobiernos —como el actual— en los que prevalece el interés privado sobre el público y los eventos de corrupción que son notables en el gobierno actual, hacen evidente esta identidad con lo privado por sobre lo público.

Pero volviendo al INE, es claro que desde columnas periodísticas, desde las pantallas televisivas, desde cabinas de radio y, otra vez, desde grupos empresariales, se nota una estrategia para debilitar a esta institución que, como pocas, representa al interés público, y lo es de esta manera porque nada es de mayor interés para el país que la democracia. Por ello es que debilitar al INE es debilitar la vida democrática y al sistema de partidos. El INE es expresión de la Reforma Política y señalar que la reforma ha fracasado es alentar la idea de que el INE es, desde ahora, incapaz de conducir esta elección y, en consecuencia, de propiciar el desarrollo de la vida democrática. Llegar a esta conclusión —como lo hacen varios— es pernicioso y verdaderamente peligroso.

Y para que no haya confusiones, la defensa del INE no implica el dejar de señalar los errores que han cometido y las deficiencias que acusan.

Todo es perfectible y, desde luego, lo es el INE, pero de lo que se trata es de mejorar su funcionamiento y ello sucederá en la medida en que se mantenga y se haga crecer su fuerza y autoridad.

Los partidos políticos y el INE son las dos instituciones de gran importancia del cuerpo del Estado nacional. La ciudadanía se interesará y se involucrará en los asuntos públicos en la medida en que estas dos instituciones —el sistema de partidos y el INE— se fortalezcan y ello fortalecerá al Estado.

La crítica es condición para cualquier sociedad libertaria y democrática. Pero en ocasiones la crítica se confunde con la destrucción.

¿Destruir el sistema de partidos y debilitar al INE? ¿Y luego?

Etiquetas: , , , , ,
Translate »