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¡La coincidencia táctica entre Morena y el PRI!

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Jesús Ortega Martínez
01/30/2018
Existen muchas coincidencias programáticas entre el PRI y Morena. Ambos, por ejemplo, pretenden la restauración del régimen autoritario concentrador del poder en un solo individuo. Por ello mismo es que coinciden en restarle poder y facultades al Congreso de la Unión y descalificar permanentemente a quienes le representan. Para estos partidos, lo único que importa en los asuntos del poder político es la Presidencia de la República y enfatizan que ésta sea, además, manifestación de un centralismo asfixiante y reflejo de un poder supremo, es decir: el Presidente por encima del Poder Judicial y, desde luego, del Legislativo.
Coinciden en que lo que rija sus acciones sea su moral, antes que la ley. Los candidatos presidenciales de ambos partidos se disputan los favores divinos, suponiendo que de estos dependerá el acceso a la Presidencia.

Estos dos partidos son conservadores y continúan en la prevalencia de los usos y costumbres. Me refiero, especialmente, a que su quehacer político lo sostienen en liderazgos que, durante años, décadas, han hecho del corporativismo su herramienta de control sobre los ciudadanos. Uno (el PRI) tiene a Romero Deschamps y el otro (Morena) a Elba Esther Gordillo. Tan sólo para poner dos cuadros políticos paradigmáticos, los cuales tienen el mismo desprecio hacia los genuinos procesos de ciudadanización. El PRI y Morena no buscan ciudadanizar la vida del país, pretenden aumentar la dependencia de la gente al gobierno a través de reproducir los métodos de control corporativo.

Podría continuar con ejemplos de sus coincidencias programáticas que les hacen, a ambos, nostálgicos de aquellas épocas de plenitud del anacrónico régimen priista.

Pero ahora quiero hacer referencia a una coincidencia táctica: tienen ambos como contrincante principal para las próximas elecciones a la coalición frentista y a su candidato presidencial, Ricardo Anaya. Esto es lo que causa, precisamente, que López Obrador pregone febrilmente la mentira de que Meade está creciendo en las preferencias electorales. Al tabasqueño le resulta vital —en su plan de elecciones— que Meade no se rezague (como realmente está sucediendo, para infortunio del caudillo).

Por el lado priista la situación es más dramática, pues saben que su candidato no despega. Peor aún: se encuentra en vertiginoso descenso. El candidato del PRI está en un alejado tercer lugar de las preferencias y no se ve —ni siquiera con la colaboración de AMLO— que lo pueda superar. El mejor escenario posible para López Obrador y Meade es que se tripartidice la elección. En sentido diferente, polarizar la contienda entre Morena y el Frente se convierte en el peor escenario para Andrés y, desde luego, significa la catástrofe para el PRI.

En estas circunstancias, podemos observar a los personeros de AMLO y de Meade descalificar todas las encuestas, todos los estudios de opinión que reflejan lo evidente, es decir: esta elección de 2018 (como sucedió en 1988, 1994, 2000, 2006 y en 2012) se va a polarizar, y que tal polarización se dará entre Morena y el Frente. Esta afirmación no es resultado de consultar los oráculos ni de echar los huesos ni de mensajes de divinidad alguna. Se trata sólo de analizar con objetividad la realidad, los acontecimientos que le acompañan, los resultados de los estudios serios, profesionales. Se trata sólo de reconocer la realidad y actuar en consecuencia.

Vendrá inevitablemente el cambio, pero éste no significará un regreso al pasado. Será con perspectiva de futuro; de cambio de régimen político y de modelo económico; de cambio que signifique sepultar de manera definitiva al presidencialismo autoritario, al caudillismo.

Algunos historiadores le atribuyen a Lenin la siguiente frase: “Si la realidad no se ajusta a mi pensamiento, entonces peor para la realidad”. Al margen de quién sea el autor, la frase embona perfectamente con el comportamiento, más que coincidente, de los candidatos presidenciales de Morena y del PRI.

¡Pretenden, necios, ajustar la realidad a sus deseos!

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