“La violencia y la incapacidad del Estado para contenerla” Jesús Ortega M.

21, octubre, 2015 / Artículos / Nueva Izquierda

La UNESCO encargó a un selecto grupo de sabios, de varias partes del mundo, especialistas en filosofía, sociología, medicina, fisiología, economía, etcétera; un estudio para descubrir las causas de la violencia.

Este trabajo, aparte de extenso, es —como digo— multidisciplinario, transdisciplinario, y tiene el propósito de aportar a los Estados, a los gobiernos, conocimiento científico que contribuya a frenar la violencia, a disminuirla y, en su caso, a eliminarla de la vida de las sociedades.

Vale la pena leerlo en cualquier momento, pero más ahora que la violencia crece y domina las relaciones sociales en gran parte del orbe.

En México la violencia nos domina como sociedad y nos oprime individualmente.

Se vive de la violencia, se sobrevive con ella y se ha vuelto parte de nuestra cotidianeidad y de nuestras relaciones familiares y sociales. Ciertamente, lo dicen los autores del mencionado estudio, la violencia es claramente multicausal, pero tratando de hacer una apretada síntesis de uno de los estudios, citaré a Jean-Marie Domenach que explica:

“Lo que llamamos hoy ‘violencia’ se cristaliza progresivamente en tres aspectos principales: primero: el aspecto sicológico, explosión de fuerza que cuenta con un elemento insensato y con frecuencia mortífero; segundo: el aspecto moral, ataque a los bienes y a la libertad de otros; y tercero: el aspecto político, empleo de la fuerza para conquistar el poder o dirigirlo con fines ilícitos”.

Es el tercer sentido el que predomina en la actualidad, como permite ver esta definición del diccionario filosófico de Lalande: “Violencia: empleo ilegítimo, o por lo menos ilegal, de la fuerza”.

A partir de esta definición de violencia, la que existe ahora en México y que nos abate y nos postra hasta la asfixia, comprende los tres aspectos mencionados. La irracionalidad, la insensatez, la barbaridad, estuvieron presentes en los crímenes de Ayotzinapa, de San Fernando, de Tlatlaya, de Jalisco, de Michoacán y de muchos otros lugares del país. Pero en todos estos hechos de terrible violencia también existe el segundo aspecto que señala Domenach, el de carácter moral, es decir: el de un ataque a los bienes y a la libertad de otros. Este aspecto especialmente fue determinante, impactante, en la existencia de una violencia tan atroz que hasta imaginarla resulta difícil.

Si se reflexiona, por poner dos ejemplos de los más crueles, inhumanos, bárbaros, de la violencia como lo sucedido en contra de los estudiantes de Ayotzinapa y contra los migrantes en San Fernando, el ataque a la libertad fue una de las causales expresas. Decenas y centenas de personas fueron privadas de su libertad y otras asesinadas para impedir el ejercicio de sus derechos humanos y de sus libertades.

Y, por supuesto, podemos encontrar el aspecto político al que hace referencia el autor, esto es: la violencia para preservar o conquistar poder. Reitero que la violencia es multicausal, sin embargo, los dos últimos elementos, el de carácter moral, que afecta derechos y libertades, y el político, que se sostiene en el propósito de preservar o alcanzar poder, son particularmente más notables, entre otras cosas, porque son de tal naturaleza que se pueden evitar.

Ciertamente, se pueden evitar a través de la acción del Estado. Los derechos humanos y constitucionales como el de poseer bienes y propiedades, el de la libertad y el de la seguridad en la vida de las personas, son derechos inalienables y el Estado tiene el deber y la obligación de preservarlos para todas y todos los mexicanos. Pero esto no sucede debido a que ese Estado y sus instituciones resultan incapaces de garantizar tales derechos.

El Estado es incapaz porque es débil institucionalmente, porque la corrupción lo ha invadido hasta la médula y muchos de los representantes del Estado como policías, fiscales, jueces, funcionarios, militares, gobernantes de cualquier nivel, se han constituido y funcionan para preservar los intereses y los poderes político y económico que no sólo son ilegítimos e ilegales sino, también, contrarios a la sociedad, a su convivencia civilizada y a los derechos de las y los mexicanos; es incapaz porque continúa aplicando una estrategia contra la violencia que ha resultado en un fracaso.

El Estado es incapaz porque en lugar de combatir la violencia mediante la legitimidad de su fuerza, utiliza a ésta, paradójicamente, para confrontar a la propia ley y al Estado de derecho.

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