Mesa I. LAS IZQUIERDAS Y LOS MOVIMIENTOS PROGRESISTAS EN LA ACTUALIDAD

04, marzo, 2016 / Convención Nacional / Nueva Izquierda

TEMA I. LAS IZQUIERDAS Y LOS MOVIMIENTOS PROGRESISTAS EN LA ACTUALIDAD

a) Los paradigmas ideológicos de las izquierdas; evolución, crisis y actualización

Los paradigmas ideológicos

Hablar de izquierdas es hablar de un abanico amplio de tendencias políticas e ideológicas, de muchas matrices culturales entrelazadas en el tiempo. Esto es válido respecto de nuestro país y del mundo.

El paradigma ideológico de las izquierdas, en términos generales, se basa en el acento en la equidad social y en una actitud de crítica frente a los poderes económicos y globales dominantes.

En el caso de México, al igual que en el conjunto de América Latina, los principales protagonistas de las izquierdas, a lo largo del siglo pasado y a principios del actual, fueron entre otras tendencias:

  • el populismo de izquierda, con su retórica nacionalista y justiciera, encarnado generalmente en algún líder carismático;
  • el comunismo, con su idea de la inminente crisis final del capitalismo, la dictadura del proletariado y la construcción de la sociedad y la economía socialistas;
  • el anarquismo, participante de la construcción de las sociedades mutualistas y de los primeros sindicatos industriales, hoy invocado por grupúsculos radicales;
  • la guerrilla, un renacimiento post-partidario del comunismo, animada por la Revolución Cubana, que postuló la idea de que una pequeña vanguardia armada puede hacer el cambio social;
  • el nacionalismo revolucionario, presente tanto dentro del gobierno del partido de Estado como en movimientos sociales de protesta y reivindicación, postulante de la era cardenista como modelo a seguir.
  • la izquierda apartidista, conformada por organismos sociales y no gubernamentales, que reivindica la necesidad de mantener el contacto con la población y apoyar sus esfuerzos autogestivos; y
  • una nueva izquierda socialdemócrata, de relativamente reciente aparición en esta parte del mundo, que combina postulados identificados con las teorías del Estado Benefactor, un pragmatismo reformador, el respeto a las preferencias de las personas y una posición consciente de las interdependencias globales y del impacto de la nueva revolución tecnológica.

Evolución, crisis

En el caso mexicano, casi la totalidad del abanico de las izquierdas se incorporó a la campaña presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, y luego participó de la fundación del PRD. Fue un largo proceso unitario que arrancó desde fines de la década de los 70´s del siglo pasado, produjo el partido fundado en 1989 y se expresó en diversas formas de alianzas políticas y electorales de las izquierdas, a lo largo de las siguientes décadas.

Sin embargo, la coexistencia en un solo partido, pese a las luchas comunes y a las conquistas alcanzadas por éste, que debieron soldar su unidad política e ideológica y dar lugar a una nueva tendencia que representara al conjunto partidario, no implicó en realidad una auténtica fusión de las izquierdas que convivían, y conviven, en la misma formación partidaria.

La renuncia de López Obrador al PRD y el surgimiento de Morena, acompañada de otros acontecimientos como la renuncia de Cuauhtémoc Cárdenas y la migración de cuadros ex perredistas a otros partidos, marcaron en su conjunto un punto de inflexión en el proceso de unidad de las izquierdas en México.

Particularmente a partir de los años 2009-2012, concluyó la etapa en la que primó la unidad de las izquierdas e inició una nueva era caracterizada más por la dispersión orgánica, política e ideológica.

Carente de un proyecto legislativo y de reformas, el populismo de Morena tiene una cuenta regresiva que ve en el 2018 su tercera y última oportunidad de acceder a la Presidencia de la República para, desde ella, impulsar las imprecisas transformaciones que propone. Organizado como el partido de un solo hombre, esa organización está hecha para apostar a esa única coyuntura y se encuentra limitada a la misma hasta por razones de edad y de ciclo biológico.

La nueva izquierda democrática se identifica con una izquierda radical, reformista, responsable, con propuestas para los nuevos fenómenos sociales, en tanto que el populismo es una política carente de bases ideológicas, las que se sustituyen con tintes mesiánicos.

El debate de las izquierdas en América Latina y en México confrontará, en los años por venir, la disyuntiva entre la nueva izquierda de corte socialdemócrata y el populismo de izquierda.

Actualización

La reformulación del proyecto de izquierda mexicana tendrá qué actualizar el paradigma ideológico, ubicando como parte de su discurso los temas de actualidad que tienen qué ver con la promoción de los jóvenes, los derechos de la mujer, la paridad y equidad de los géneros, el respeto a las preferencias sexuales de las personas, la promoción de la cultura multiétnica de la nación mexicana.

La nueva izquierda mexicana debe trascender el discurso contestatario y oposicionista. Ha incursionado en los gobiernos municipales y estatales, alimentándose de la experiencia de la izquierda latinoamericana y europea que ha gobernado diversos países, por lo cual no puede quedarse criticando al mundo desde fuera, sino que debe asumir sus propias responsabilidades en su conducción.

Para constituirse en la fuerza política que aliente el futuro de nuestro país, la nueva izquierda mexicana deberá saldar cuentas y romper con viejas ideas y actitudes que la retienen en el pasado, entre otras:

  • La reflexión sobre las causas del derrumbe del llamado “socialismo real”, que en su momento se constituyó en el paradigma de las causas de la izquierda.
  • La idea, basada en un finalismo redentor, de que la revolución es un nuevo inicio de la sociedad post capitalista y no un proceso de cambios tanto abruptos como graduales.
  • La confianza ciega en algún líder, que encarna las causas históricas, y se establece y se le reconoce como guía supremo.

Asimismo, la nueva izquierda mexicana tendrá que ajustar cuentas con herencias de la ideología y las formas priístas que se han filtrado a sus prácticas, como lo son:

  • la corrupción de políticos y funcionarios públicos,
  • las burocracias ineficaces, y
  • el clientelismo político-electoral que termina por ahondar la distancia entre la política y los ciudadanos.

Para que el PRD asuma y esté a la altura de los nuevos retos, no hace falta que cambie de nombre y de emblema, los cuales están instalados en los genes del sistema político mexicano y, lo que es más importante, se ubican como marca en el imaginario de los electores, tanto jóvenes como adultos.

Además, no se trata de renunciar a nuestras raíces, sino de convertirnos en la izquierda que piensa y actúa con visión de futuro.

 

b) Las izquierdas gobernantes; experiencias y resultados

Las experiencias de gobierno de las izquierdas que se han consolidado en los gobiernos de distintos países, y nos referimos en específico a algunos de Latinoamérica, expresan una voluntad política de orientar la economía de mercado hacia el beneficio social y colectivo, buscando imponer relaciones constructivas entre el capital, el trabajo y el Estado.

Junto a ello, las izquierdas en el gobierno de América Latina pugnan porque el Estado, en tanto representante del conjunto de la sociedad, despliegue políticas de impulso del desarrollo económico y social.

Para arribar al gobierno, la nueva izquierda de diversos países de Latinoamérica, debió asumir las reglas de la democracia liberal y dejar de lado jefaturas mesiánicas y radicalismos ideológicos.

El replanteamiento y el rechazo de planes económicos basados en el incremento descontrolado de la deuda externa y de los índices de inflación, se adoptó junto con la conciencia de que la globalización es más una noción de la realidad que una simple estrategia imperialista.

El arribo de gobiernos de esta nueva izquierda latinoamericana y su refrendo en elecciones democráticas en Brasil, Chile, Uruguay y El Salvador, particularmente, debió encabezar su programa con políticas que garantizan la viabilidad de sus economías, manteniendo el crecimiento con apertura de las economías nacionales, a la vez que se aplican exitosos programas de reducción de la pobreza y la desigualdad.

Como dijera José Mujica, el expresidente uruguayo:

“En el sueño del socialismo hay que reinventar el capitalismo”.

A la vez, este tipo de izquierdas han debido demostrar capacidad administrativa, eficacia y probidad en el ejercicio del gobierno, actitudes indispensables para mantener el apoyo electoral que les permite aplicar sus programas reformistas.

En nuestro país, los gobiernos estatales y municipales del PRD, particularmente los de la Ciudad de México, desarrollaron programas de gobierno que se hacen cargo de los problemas económicos y sociales y plantean alternativas para garantizar el crecimiento económico, la generación de empleos formales, el crecimiento de la recaudación fiscal y formas de redistribución de la riqueza mediante programas sociales universales y focalizados a la población más marginada.

A la vez, el programa perredista ha puesto énfasis en el respeto a los derechos humanos y en las libertades de creencias, la de la mujer, la de elegir la preferencia sexual de cada persona, entre otras, que impulsan nuevas formas de convivencia dentro de la democracia.

Se puede afirmar que existe una correlación entre el apego a esta línea programática y la permanencia y refrendo de los gobiernos locales del PRD. Salvando determinadas condiciones del contexto, aquellos gobiernos perredistas que han logrado aplicar su programa, han conseguido también el refrendo electoral que les permite dar continuidad al mismo. 

Apuntes para un programa de desarrollo rural económico y ecológicamente sustentable en las Delegaciones Rurales de la Ciudad de México.

Para conservar esta zona estratégica para la sobrevivencia de la CDMX, los dueños de la tierra tienen que participar directamente en la planeación, ejecución y evaluación de los programas de desarrollo rural, impulsar la coordinación de los tres niveles de gobierno para implementar un programa de desarrollo rural integral del sector con las autoridades agrarias, que contemple los aspectos de tenencia de la tierra, apoyo técnico, subsidios, financiamiento, crédito y comercialización.

A nivel local, se deben fortalecer las dependencias de los gobiernos delegacionales que atienden al sector rural y ambiental para incentivar y en su caso, subsidiar la producción agrícola para  que el propietario de la tierra no cambie el uso  de suelo. Otra medida que ya demostró sus ventajas es la introducción y promoción de tecnologías alternativas para la producción intensiva como ocurre en la zona chinampera de Xochimilco para la zona de la montaña.

La zona rural, comprendida por áreas verdes, bosques y espacios dedicados a la actividad agrícola, brinda invaluables servicios ambientales y de recarga del manto acuífero de la Ciudad de México.

El monocultivo y el minifundio han hecho crisis en la zona productiva, la Ciudad de México sigue siendo el mercado más grande del país, los productores agrícolas viven en la incertidumbre por los altos costos de producción y la amenaza permanente de invasiones y del crecimiento desordenado de la mancha urbana.

Ante esta situación los gobiernos delegacionales han enfrentado una normatividad que nos deja en la indefensión práctica, las facultades con las que se cuentan impiden una respuesta inmediata, las políticas públicas y estructura administrativa tienen que contar con el aval de instancias del gobierno central, la legislatura federal y local.

Urge una reforma constitucional, legal e institucional que nos permita a los gobiernos delegacionales más facultades para actuar de forma inmediata.

 

c) Construcción de una nueva agenda programática

Las izquierdas de México deben mantener su programa de reparto de la riqueza, pero incorporar al mismo las formas de producirla, diferenciándose así con las tendencias populistas, de izquierda y de derecha, que se limitan a la opción del asistencialismo.

La nueva izquierda está obligada a apostar al futuro, a ofrecer respuestas que abran nuevo horizontes a los problemas de la sociedad actual, particularmente en relación a temas de apremiante actualidad y de más acuciante futuro, como lo son:

  • la consolidación de la democracia y el pluralismo como forma de vida;
  • el rescate de las instituciones públicas como organismos al servicio de la sociedad en su conjunto, responsables de tutelar el interés general;
  • el mejoramiento de la calidad de vida de la población y de sus estándares de felicidad;
  • la generación de políticas públicas que respondan a los nuevos retos del mundo global e interdependiente, que asimilen las nuevas tecnologías para hacer posibles

    • nuevas formas de producción,
    • nuevas formas de consumo,
    • nuevas formas de transporte,
  • el pleno empleo formal y la recuperación salarial, y
  • una economía ambientalmente responsable.

Asimismo, la agenda programática de la izquierda debe estar basada en principios que lo identifiquen como un referente firme de oposición, de causas y propuestas claras, que lucha para evitar la perpetuación de la desigualdad y el autoritarismo.

La lucha histórica de la izquierda contra la exclusión y la discriminación, ha buscado consolidar un sistema democrático en el que se respeten los derechos de los mexicanos y en el que éstos sean exigibles.

Junto a esta orientación programática general, la nueva izquierda debe generar ideas que deberán ser retomadas en el Programa de Acción, como son las siguientes, entre otras:

  • la incorporación de formas del parlamentarismo en el régimen político mexicano;
  • la defensa de los derechos civiles y políticos, con la que se priorizaría la lucha por el derecho a la igualdad, a la integridad, la no discriminación;
  • el rescate y aplicación efectiva del laicismo como forma de respetar la libertad de creencias;
  • la incorporación plena de la mujer a los cargos directivos en las empresas, órganos del Estado y en las dependencias públicas.
  • El reconocimiento del derecho de las comunidades indígenas;
  • el derecho a la libertad de expresión y al acceso a la información;
  • erradicación de las detenciones arbitrarias, así como las desapariciones forzadas; el combate a la tortura y al tráfico y la trata de personas en México.
  • reconocimiento de los derechos de las diferentes comunidades de la  diversidad sexual;
  • nuevas estrategias para el combate al crimen organizado, las que deben enfatizar la inteligencia financiera y la discriminalización paulatina del consumo de sustancias enervantes;
  • el incremento al salario mínimo, junto con medidas para hacer crecer el empleo formal, frente a la depauperización salarial y la precarización de los puestos de trabajo que hoy dominan el panorama laboral de nuestro país;
  • la incorporación al desarrollo de las zonas, territorios y minorías étnicas que han sido marginadas.

 

d) La situación de las izquierdas y los movimientos progresistas en México.

Las izquierdas partidarias atraviesan por una crisis de representatividad y de legitimidad. Nos enfrentamos ante la desconfianza y falta de credibilidad de amplios sectores de la población, producto de varios factores, entre los que podemos señalar: no hemos podido contribuir a erradicar la pobreza, más bien ésta crece cada día, la desigualdad permanece, el sistema de justicia es caro e ineficaz, persiste la impunidad; la inseguridad pública se extiende por todo el país y no logramos concretar una propuesta sólida y coherente acerca de cómo enfrentarla, no tenemos posturas claras ante los papeles del ejército y las policías ante la grave situación de violencias que se vive en prácticamente todo el territorio mexicano; lo que hemos hecho bien no ha sido comunicado adecuada y oportunamente; no tenemos propuestas atractivas para el gran sector de población joven, y podríamos seguir con una larga lista de errores y circunstancias que hoy nos colocan ante el gran reto de renovar nuestro discurso y nuestras prácticas, el de re-inventar nuestra forma de hacer política, de actuar e interactuar con la sociedad para lograr ser una izquierda del siglo XXI.

La izquierda ha mantenido una relación con los movimientos sociales a lo largo de su historia. El PRD ha sido durante muchos años un referente claro para los movimientos sociales y progresistas en su búsqueda por visibilizar sus agendas en el debate nacional, lo ha sido para movimientos más tradicionales como los de la clase trabajadora y los campesinos, y también para los que defienden temas como las libertades democráticas y derechos individuales de las personas como los feministas y de mujeres, de la diversidad sexual, ecologistas, de solicitantes de vivienda, ambientalistas, entre otros. 

Esta relación se ha venido deteriorando, por ejemplo con el movimiento feminista, que se vio traicionado, por todos los partidos políticos, incluido el PRD, al tener que ir hasta el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, para que se respetara un logro conquistado a través de muchos años, reflejado en la ley, y del que fuimos principales promotores, el cumplimiento de las cuotas de género y la paridad.

El movimiento sindical, ahora casi cooptado en su totalidad, ha dejado de dar grandes batallas por la democracia interna y por las reivindicaciones sociales. Golpes como el del SME han permitido el paso de las reformas del ISSSTE, la del IMSS, la de Pensiones.

La CNTE, único sector movilizado, ha perdido la representación de la mayoría de los trabajadores de la educación, en algunas secciones, reprodujo relaciones de coerción con los trabajadores y acciones violentas con las que ha ahuyentado a la amplia opinión pública.

Si el PRD participó de estas reformas, incluida la educativa y lo considera en beneficio de los trabajadores, no lo supo comunicar, por lo que ahora estamos más alejados de este sector.

La mayoría de las organizaciones campesinas han perdido su espíritu de lucha, se han convertido en gestoras de programas gubernamentales para obtener recursos. Sus movilizaciones responden a la cuantía de recursos que logren obtener para distribuirlo entre su membresía, hoy no vemos, en su mayoría, las reivindicaciones de los jornaleros agrícolas ni de los campesinos en sus movilizaciones.

El movimiento indígena, replegado a una presencia testimonial, permanece, en algunas regiones a partir de la organización interna de sus comunidades, pero su territorio se ve cada vez más amenazado por las grandes compañías y las obras del propio gobierno. Ahora el Artículo 2°, el 4° y el 27 Constitucionales, no defienden la integridad de la vida de los indígenas, cada vez más pobres, fortaleciendo una brecha de desigualdad.

En los últimos años se han manifestado grandes oleadas de jóvenes, ejemplo de ellos, el #YO SOY 132 y el NOS FALTAN 43, con los que la sociedad en general tuvo gran simpatía, pero que los partidos y en particular el PRD no logró conectar, y en el último además fuimos rechazados.  No logramos que estas grandes movilizaciones cambiaran las relaciones de la sociedad civil con el poder político.

Hemos utilizado el clientelismo, como el principal motor de acercar votos a nuestros candidatos, sin reconocer que éste “no es un vínculo político sino un vínculo económico”, que al final será el mejor postor el que se beneficie de este mecanismo. Hemos arribado a los gobiernos municipales y estatales, sin lograr modificarlos de fondo, nuestro trabajo en el legislativo no ha rendido los frutos necesarios para transformar el ejercicio del poder.

No hemos transmitido los logros obtenidos a través de las Cámaras, y éstos parece que no repercuten en la vida de la gente. ¿Cómo plantear que somos un partido que busca terminar con la gran desigualdad social? Convencer que nos mueve el cabal cumplimiento del Estado de Derecho, que la seguridad es prioritaria en nuestra agenda, principalmente en los gobiernos municipales en los que actuamos.

Estos movimientos buscan siempre mantener su autonomía, su propio perfil, su carácter de ciudadanía organizada y experta para la defensa de temas específicos. Por su propia naturaleza mantienen distancia con los partidos políticos, buscan relaciones de respeto y colaboraciones puntuales que redunden en avances de sus propias agendas de trabajo.

Hoy lo que enfrentamos como izquierda, como PRD y como NI es la necesidad de reestablecer, refrendar, consolidar y en algunos casos crear vínculos con los movimientos sociales, algunos de los cuales se han ampliado y diversificado, consolidando su quehacer mediante la pertenencia a redes continentales y mundiales, renovando sus agendas y causas.

Ante la crisis de credibilidad del PRD, nutrida recientemente por las acusaciones de corrupción y malos manejos de integrantes y dirigentes, es urgente renovar los vínculos con las organizaciones de la sociedad civil organizada, con los movimientos sociales, quienes sin lugar a dudas son los portavoces de las necesidades, problemas y propuestas de amplios sectores de la población.

e) Hacia la construcción de una izquierda democrática

La construcción de una nueva izquierda mexicana pasa por un relanzamiento ideológico y político que permita modernizar su cosmovisión y orientación programática con vistas al futuro, renovar sus cuadros, re-vincularse con la sociedad y particularmente con los jóvenes y los sectores intelectuales, académicos y culturales.

A la vez, la nueva izquierda mexicana tendrá que recomponer sus lazos de solidaridad y acompañamiento a los movimientos sociales, mostrando a cada momento que comparte y respalda sus demandas inmediatas de carácter gremial o restitutorio.

En un escenario social escéptico de la política y del régimen político, de los políticos, de los gobernantes y legisladores, la nueva izquierda mexicana tendrá que poner el acento en su conducta ética, indispensable para conectar de nuevo con la sociedad y sus sectores críticos. 

Los nuevos liderazgos de esta tendencia política deberán distinguirse por su seriedad en el desempeño de sus funciones, su capacidad profesional, su habilidad para la negociación política en la búsqueda de acuerdos y, sobre todo, por su apego a las definiciones ideológicas y políticas que hagan posible la aplicación de su programa.

La etapa de dispersión de las izquierdas en las que estamos inmersos obliga a que el viejo discurso de la unidad de las izquierdas deba sustituirse por uno nuevo que, sin renunciar a tal aspiración, fragüe el proyecto de la izquierda del futuro.

En tal sentido y sin abandonar el discurso de unidad de las izquierdas, el PRD no debiera temer a la posibilidad de afrontar el 2018 con una candidatura presidencial propia, distinta de la del populismo, acompañada de un esquema de alianzas que incluya a otros partidos y privilegie la incorporación de organizaciones sociales y de personalidades externas.

 

 

Documento Alternativo Mesa I

 

CONVENCIÓN NACIONAL DE NUEVA IZQUIERDA

Febrero de 2016

Los nuevos paradigmas de la izquierda democrática

 

Eric Villanueva Mukul

Las transformaciones de los últimos 30 años, con el neoliberalismo más el surgimiento de las Tecnologías de la Información y Comunicación, en la economía, la sociedad, la política y la cultura, pero sobre todo en los  jóvenes, hacen necesaria una readecuación de los paradigmas, las concepciones y la manera de hacer política de la izquierda democrática, que le permita ser más eficiente en la solución de las demandas de la ciudadanía y le consienta una nueva conexión y empatía con los electores y los jóvenes del siglo XXI.

A lo largo de la historia los paradigmas de la izquierda  han ido evolucionando, no solo producto de los cambios ideológicos, sino como consecuencia de las profundas transformaciones sociales ocurridas con la revolución industrial en el siglo XIX,  el surgimiento del socialismo científico, el triunfo de la revolución Rusa, los gobiernos socialistas, tanto en el bloque socialista y la revolución China, como con la consolidación del desarrollo industrial y la socialdemocracia en Europa, así como de algunos gobiernos populares y socialistas de izquierda en América Latina.

Sin duda, durante todo el siglo XX, pero particularmente durante la segunda mitad de ese siglo, ese fue el bagaje cultural que nutrió a la izquierda, hasta la caída del muro de Berlín en 1989.

Desde luego, ya con anterioridad se observaban las contradicciones y las limitaciones de la experiencia de los gobiernos del socialismo real, de la falta de libertades y contradicciones en el modelo mismo de desarrollo económico. Lo mismo ocurría con los gobiernos socialdemócratas en Europa, que ya tenían serios problemas para mantener los gobiernos que impulsaban modelos diversos del Estado del bienestar. Muchos de los gobiernos populistas de América Latina también entraban en crisis, sobre todo a partir de los manejos de sus economías y los enormes niveles de deudas de los años setenta y  ochenta.

Entonces la ideología de las derechas tuvieron un avance muy importante, imponiéndose el modelo neoconservador y neoliberal, basada en la disminución del Estado en sus diferentes formas y la prevalencia cada vez mayor del mercado y el capital, no solo en la economía, sino también en la otorgación de servicios como la salud, la educación y las pensiones, e incluso en la justicia y la representación democrática.

Ya desde entonces se antojaba una revisión de muchos de los preceptos y concepciones de la izquierda democrática, pero es un hecho que ahora estamos ante un nuevo proceso acelerado de trasformaciones sociales y económicas, que hacen necesaria una nueva readecuación y revisión de dichos paradigmas.

 

Es un hecho que la combinación durante los últimos 30 años del neoliberalismo, con la globalización económica, vía el libre mercado y los tratados comerciales, más la irrupción de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC’s), combinada con las redes sociales, han acabado transformando no solo la economía global, sino también la sociedad, la política y las culturas.

Hoy tanto la economía como la sociedad es más diversa en sí misma, los sectores económicos son muchos más, los nichos de producción y mercado son más heterogéneos y la competencia es más feroz. Los tipos de trabajos y de trabajadores son por lo tanto más multisectoriales y por lo tanto más competitivos, muchas veces contradictorios entre sí, más complejos y en consecuencia más difícil de reunir y organizar a partir de sus demandas e intereses gremiales.

Hoy como nunca, la economía se ha vuelto global y la competencia se mueve en ese ámbito, entre regiones, naciones, empresas e incluso individuos. La aparición de nuevas empresas y la aparición de productos sustitutos, es una realidad cotidiana. La mortandad de empresas es también un hecho de todos los días. Solo los productos exóticos se salvan de esta situación. El flujo de capitales financieros por todo el planeta y su velocidad diaria, es otra de las condiciones de la economía global de nuestros tiempos.

El flujo de la información, de todo tipo hace que la toma de decisiones sea inmediata a escala global, afectando toda la vida de los individuos, las empresas y las naciones.

De ahí que el signo de nuestros tiempos sea la incertidumbre y la precariedad en todos los aspectos de la vida económica, social y política.

Las sociedades siempre han sido cambiantes, pero ahora las transformaciones son aceleradas y son muy pocas las comunidades más alejadas, que pueden sustraerse a esta dinámica. No podemos más que estar de acuerdo con  Zygmunt Bauman, cuando afirma que vivimos la época de la realidad liquida, donde todo es pasajero hasta nuevo aviso. El  tiempo del fin de la era del compromiso mutuo,  donde el espacio público retrocede y se impone el individualismo. Hoy la mayoría de los jóvenes no creen en las instituciones públicas, en el Estado, la comunidad, la nación, las iglesias, las ideologías, los partidos políticos e incluso en la democracia.

Cada vez más estudios demuestran estas afirmaciones por todo el mundo y América Latina y México no es la excepción. Según el Latinobarometro de 2015, solo el 37% de la población está satisfecha con la democracia. En México, solo el 19%. Según la misma fuente el 56% está de acuerdo con la democracia y en México el 48%, lo que significa que bajo determinadas circunstancias cerca de la mitad de la población, pudiera preferir un gobierno autoritario. Siempre en 2015, solo el 23% de la población se sentía representada por el Congreso o el Parlamento en América Latina, pero en México, apenas el 17% de la población. En Latinoamérica el 40% se siente cercano a algún partido político,  en México desciende al 32%. De acuerdo a la misma fuente y mismo año, en México, el 27% cree que las redes sociales sirven para hacer política, el 28%, cree que permiten la ilusión de participación y el 12% que no sirven para hacer política. Como sea, es cierto que las redes sociales tienen cada vez más influencia.[1]

Según una Encuesta de Reforma realizada en agosto de 2015: a desconfianza de los mexicanos en las instituciones registra un aumento después de las elecciones intermedias del 7 de junio. El porcentaje que desconfía del Instituto Nacional Electoral pasó de 56 a 61 por ciento de abril a la fecha, mientras que la desconfianza en los partidos políticos subió del 73 al 82 por ciento.

Según el estudio, la desconfianza en el Gobierno del Presidente Enrique Peña aumentó de 66 a 72 por ciento en el mismo periodo, mientras que la confianza en el Congreso de la Unión bajó de 27 a 24 por ciento.

Sólo la Iglesia y el Ejército mantienen una confianza ciudadana superior al 50 por ciento, aunque en ambos casos la encuesta también registra un leve aumento de la desconfianza.

Los actuales niveles de desconfianza en las instituciones no habían sido tan altos desde que inició la actual administración a finales de 2012.

Incluso la desconfianza en la Comisión Nacional de Derechos Humanos subió de 53 a 60 por ciento, mientras que la desconfianza en la Suprema Corte de Justicia es de 70 por ciento, revela el sondeo.[2]

El largo periodo de pérdida de derechos sociales y económicos, de precarización del empleo, de desigualdad y pobreza, han hecho que las sociedades estén hartas de esa problemática y de la falta de eficiencia de los regímenes democráticos para resolver sus demandas y necesidades cada vez mayores y más apremiantes. La crisis económica mundial, iniciada en 2008 y prolongada hasta nuestros días, ha hecho que los problemas se multipliquen y la pérdida de derechos y muchas veces del empleo hacen que esta situación se exacerbe. Los más afectados han sido los jóvenes.

En el corto y mediano plazo, esa situación no va a cambiar, el estancamiento estructural de la economía  y el lento crecimiento de la economía global va a continuar y los problemas sociales a incrementarse.

Oxfam nos informa que en los dos últimos años, la desigualdad se ha incrementado. En 2016, las 62 personas más ricas del planeta, poseen lo mismo que la mitad más pobre de la población global.  En México, uno de los países más desiguales del mundo y de los que menos recauda impuestos a los millonarios, el 1% de los más ricos –alrededor de 120 mil personas– acapara 43% de todas las riquezas de la 14ª economía del globo y con 53.3 millones de pobres, según un informe que publicó la organización Oxfam, al lanzar una campaña contra la desigualdad.[3] Esa es la realidad que parece no tener regreso.

Estos problemas han alcanzado a la  izquierda de todas las latitudes y tiene problemas para mantener los gobiernos o alcanzar triunfos electorales. La pluralidad y la diversidad social, provocan la segmentación de la representación política y partidaria, complican la construcción de mayorías y la gobernanza. El surgimiento de nuevos actores políticos, de mayor participación y exigencia ciudadana, la aparición de las candidaturas tangenciales, ciudadanas o independientes, dirían en México, aceleran la transformación de los sistemas de partidos, volviéndolos más plurales y más multipartidarios, complejizando los sistemas partidarios y democráticos.

Por todo el mundo, en América Latina, pero también en México, los gobiernos y los partidos políticos progresistas, socialistas y de izquierda, están teniendo verdaderos problemas para poder comunicarse de manera efectiva con la ciudadanía y mantener la gobernanza en sus respectivos países. Uno de esos problemas radica no solo en la realidad aceleradamente cambiante, sino que los antiguos paradigmas y conceptos ideológicos, poco le dicen a la población y menos a los más jóvenes, que nacieron en los setenta o después, que crecieron en una nueva realidad que ya nada tenía que ver con la que vivieron sus padres y los conceptos de la vieja izquierda.

Según un reciente estudio realizado en nuestro país los más jóvenes los Millennials (nacidos entre 1985-1991), piensan de una manera diferente a como lo hicieran sus padres y las generaciones anteriores. Hay que remarcar que las generaciones más jóvenes, menores de 40 años, forman la mayoría del padrón electoral, tienden a acentuar esa manera de explicarse la realidad.

• Estas generaciones son ajenas a las ideologías.

• No tienen idea de lo que significa izquierda, ni les interesa; aunque paradójicamente su actuar cotidiano refleja prácticas propias del pensamiento de izquierda.

• Estas generaciones desprecian al sistema; es un organismo incompetente.

• Actúan sobre temas concretos, en lo virtual, que se reflejan en lo físico pero con acciones efímeras y a corto plazo.

• Son sensibles a las problemáticas globales por solidaridad, y buscan soluciones humanistas, no políticas.

• No se comprometen con causas a largo plazo por desconfianza en las instituciones que las implementarían.

• Buscan soluciones y hechos tangibles.

• Examinan ser actores de las soluciones inmediatas a partir de sus comunidades sociales.

• Indagan posiciones más moderadas; prefieren el debate de ideas a la confrontación.

• Para ellos funcionan los mensajes claros, y argumentados con fundamentos lógicos.

• Su comunicación e interacción está centrada y llevada a través de las TIC’s.

• Construyen sus criterios de credibilidad y sus discursos por medio de las redes sociales inmediatas, como complemento a los medios masivos tradicionales.[4]

No parecen existir soluciones fáciles a problemas tan complejos. Pero muchos pretendemos darle salidas simples o regresar al arcón de los recuerdos a buscar viejas soluciones, para fenómenos nuevos. No hay regreso al pasado. Las tendencias que hoy nos muestra la realidad, van a seguir avanzando, se van a profundizar y estaremos muy rápido ante nuevas realidades. La globalización seguirá avanzando, las tecnologías en general, pero las de la información y la comunicación, seguirán aceleradamente transformando la sociedad del siglo XXI. Cuando más radicalizamos nuestras posiciones, menos conexión logramos con nuestros interlocutores.

En el reciente Segundo Encuentro Internacional de la Izquierda Democrática, realizado en la Ciudad de México (enero, 2016), fueron varios los ponentes con experiencia en el ejercicio de gobierno y provenientes de partidos de izquierda y progresistas, que señalaron la necesidad de tomar en cuenta esta nueva realidad social que le toca enfrentar a la izquierda contemporánea y la urgente necesidad de elaborar y diseñar una nueva forma de establecer un nuevo discurso y nuevo tipo de comunicación con la nueva sociedad del siglo XXI. Personajes como José Mujica, Raúl Sendic, Massimo D`Alema y Gustavo Petro, coincidieron en estos temas ineludibles para la izquierda democrática contemporánea.

Según la misma investigación arriba citada, Los candidatos independientes, tangenciales o emergentes pudieron obtener triunfos, porque lograron conectarse de una manera diferente a como lo hacen los partidos políticos tradicionales. En otros casos como en Europa, porque se atreven a decir y hacer cosas que incluso los partidos de izquierda y progresistas no se atreven a decir o hacer, por formar parte del establishment político. Ese es el caso de Podemos y Ciudadanos en España o Syriza en Grecia. En ambos casos hay una cierta ruptura, cuando menos, discursiva y política con la forma tradicional de hacer política.

De acuerdo con esto, dichos candidatos lograron una relación personal con la ciudadanía. Fueron cercanos, tienen una cara, nombre y personalidad que genera empatía y confianza en las personas al verlos como uno de ellos. Porque por sí mismos y su proyecto son capaces de transmitir esperanza, de un cambio. Son conocidos por su convicción, tienen una reputación que los respalda y les otorga credibilidad ante la gente.[5] Otra cosa es si después en el desempeño de su encargo logren sus objetivos y otra será su evaluación.

En el plano electoral, el surgimiento de los partidos emergentes, como  la coalición de Syriza de Grecia, nos mostró como gano las elecciones ante el hartazgo de los ciudadanos por la falta de soluciones durante la larga crisis, de parte de los partidos de izquierda y de derecha. Sus propuestas fueron antisistémicas y en contra de los organismos europeos. Pero luego, en las negociaciones con las entidades europeas, acabaron asumiendo una propuesta, muy lejana incluso contraria a sus propuestas originales. Con eso fue cuestionado, tanto por los partidos y las fuerzas aliadas, como por los ciudadanos que votaron por una propuesta y una salida diferente.

La circunstancia anterior, llevò a cuestionar, más allá de Grecia, hasta qué punto era ético realizar una campaña política con una agenda a sabiendas que no podría llevarse a cabo y que se acabaran aplicando finalmente, políticas públicas más cercanas a las tradicionales. La primera reacción fue obviamente una mayor frustración del electorado y los ciudadanos. La otra repercusión presiono a un nuevo realineamiento de las fuerzas y los partidos políticos, en Europa y en otras partes del mundo. Porque así como el triunfo de Syriza, alentó a otros partidos antisistémicos de izquierda y de derecha,  el nuevo escenario tuvo repercusiones negativas en esos partidos y en los electores. La falta de coherencia entre el decir y hacer tuvo repercusiones electorales tanto para Syriza, como para otros partidos europeos

No parece haber más camino que el perfeccionamiento de los sistemas democráticos, profundizar la participación ciudadana, hacer más representativa la democracia representativa, pero hacerla cada vez más participativa, eliminar los sistemas electorales asimétricos, la partidocracia y la corrupción. Transformar el régimen presidencial, hacia formas más parlamentarias.[6]

Todo indica que habrá que profundizar y hacer más efectivos los sistemas democráticos para la representación ciudadana, reformarlos para permitir más representación de las sociedades y mayor participación en la toma de decisiones, no solo en el ámbito local, sino también en los ámbitos intermedios y aun en los nacionales.

Ciudadanizar y democratizar más los partidos políticos. Eliminar toda forma de corporativismo y clientelismo político. Ciudadanizar más los partidos, no solo desde la perspectiva de permitir la inclusión de más ciudadanos, sino a los propios militantes inculcar la participación consiente y autónoma en la toma de decisiones políticas y electorales. Intentar cerrar el sistema de partidos para evitar la participación ciudadana, es conservador y propicia que dicha tendencia se revierta en contra del sistema de partidos y de los partidos mismos.

La participación social en movimientos legales ha aumentado en América Latina: La participación convencional, asistir a manifestaciones autorizadas se ha duplicado de 13% a 27% entre 2005 y 2015. Se duplican asimismo los que firman una petición, aumentan de 16% a 35% en la década. Sin embargo, lo que más aumenta es la participación no convencional, que es asistir a manifestaciones no autorizadas, ésta aumenta de 3% a 21% multiplicándose siete veces en la década entre 2005 y 2015. No obstante, los actos como saqueos o bloqueo de tránsito han tendido a disminuir para ubicarse en el 3% y 4%.[7]

Siguiendo a Latinobarometro 2015, la disposición a protestar es un indicador que mide el potencial de participación por temas determinados. Encontramos muy alta disposición a protestar en todos los temas testeados. Más de uno de cada dos latinoamericanos están dispuestos a salir a la calle para protestar por la salud, la educación, los salarios, las condiciones de trabajo, los derechos democráticos, los recursos naturales. Tenemos una población armada de voluntad para salir a protestar.

Si bien la movilizaciones y los movimientos sociales han aumentado proporcionalmente todavía es mayoría la que no se expresa por estos medios y si a través de acciones ciudadanas, las redes sociales y la opinión pública. De ahí que si bien la izquierda tiene que mantener vínculos y apoyo mutuo con los diversos movimientos sociales de trabajadores y sectores sociales marginados, también lo tendrá que hacer con los movimientos ciudadanos en defensa de objetivos concretos de la más variada índole como la ecología, la igualdad de derechos de género, la diversidad sexual, el derecho animal, la buena alimentación, la legalización de las drogas, la deuda externa, los tratados comerciales, el mejoramiento de los ingresos y salarios, entre otros.

Pero sobre todo, tendrá que fijar posición en torno a estos temas. Esa es una característica de los nuevos tiempos; el uso de los medios masivos de comunicación y de las redes sociales, de una manera concreta y directa, sin contenidos ideológicos y con soluciones palpables.

Un tema que ha impactado a todos los gobiernos y partidos  políticos es el de la corrupción. Ese fue un tema presente también en todos los discursos del Segundo Encuentro Internacional de la Izquierda Democrática ya mencionado; la necesidad de un combate frontal del tema en todos los ámbitos. El expresidente Mujica ha expresado que aquel que le guste mucho el dinero debe dedicarse a otras actividades y no a la política. Sendic dijo que la corrupción no es de izquierda; ser corrupto, es no ser de izquierda.

Latinobarometro nos informa: Un segundo indicador sobre el problema de la corrupción es el que mide cuánto progreso se percibe en la lucha contra la corrupción. Este indicador muestra un avance en la lucha contra la corrupción entre 2004 y 2009 con un aumento de 26% a 39% de latinoamericanos que percibían progreso. A partir de 2009 se produce una disminución paulatina de un 39% a 33% en 2015. Ecuador es el único país donde más del 50% cree que ha habido progresos en la reducción de la corrupción, seguido de Uruguay con un 48% y República Dominicana con un 46%. Brasil, Argentina y México son los países donde la menor cantidad de personas cree que se ha progresado en este tema con 19%, 21% y 22% respectivamente.

Este indicador confirma lo anterior en el sentido de que se ha perdido terreno en la lucha contra la corrupción. Cabe señalar que todas las reformas de políticas públicas de la región, así como las medidas de transparencia que se han implementado en muchos países, no han logrado el impacto positivo, como si se puede mostrar en el caso de los procesos eleccionarios, donde se logra invertir los negativos. Estamos ante un fenómeno que afecta directamente la legitimidad de la democracia y contra el cual las políticas públicas aplicadas hasta ahora no logran convencer a la población de que son efectivas, mientras se mantiene mayoritariamente en promedio, la percepción de que los gobiernos  no trabajan para la mayoría, sino más bien cuidan sus propios intereses. Ello como la expresión de máxima sospecha de parte de los pueblos de que hay corrupción.

El avance de la democracia, el crecimiento de los partidos de izquierda democrática y en general la experiencias de los gobiernos progresistas, de izquierda y socialistas, nos permiten tener un amplio menú de políticas públicas exitosas que nos permitan resolver muchos de los problemas y las demandas de los ciudadanos. Los ciudadanos quieren gobiernos eficientes. Ya no aceptan discursos ideológicos para justificar la falta de soluciones. Gobierno que no resuelve se va. Los ciudadanos quieren soluciones concretas.

En materia económica, políticas que privilegien el crecimiento económico endógeno sustentable y sostenible, con fuertes inversiones en infraestructura y generación de empleos, pero desde luego conservando los equilibrios macroeconómicos y sin perder de vista el entorno global. Desde luego aplicar una política fiscal progresiva que grabe sobre todo las ganancias del capital, particularmente del 1% más rico, que permitan una mejor distribución de la riqueza y evite la profundización de las desigualdades sociales, económicas y territoriales.

Avanzar en acciones globales para aplicar políticas tributarias que grabe los capitales financieros golondrinos internacionales, así como la eliminación de los paraísos fiscales, que nos permitan mejores condiciones, para el crecimiento económico, la generación de empleos, el desarrollo con una mejor distribución de la renta global y nacional.

En el plano del desarrollo social, de la mano con la política económica, una política de fuerte impulso a la educación y la salud, de manera especial de la niñez y de los jóvenes, desde la niñez temprana, garantizando mínimos de educación. Atención de la salud universal. Establecimiento de sistema de pensiones universales, que garanticen mínimos dignos a los adultos mayores, que a su vez avalen la viabilidad financiera de los fondos de los sistemas de pensiones.

Desde luego, la izquierda democrática deberá tener una agenda que permita un correcto y eficiente manejo de la seguridad pública y de la seguridad nacional, contra todo tipo de crimen organizado, basado en la profesionalización de las policías, la inteligencia, el respeto a los derechos humanos y una fuerte política  preventiva y de desarrollo social. Tener una política de fuerte combate al narcotráfico y al mismo tiempo pugnar por la legalización de las drogas como estrategia de combate al crimen organizado, así como a las adicciones.

La izquierda del siglo XXI, debe de tener una agenda transversal de la sustentabilidad, que abarque una posición sobre el medio ambiente, el cambio climático y sus repercusiones; la protección y conservación  de los recursos naturales como el agua, bosques, playas y el aprovechamiento y apropiación de los mismos, por parte de los pueblos originarios como base para su desarrollo.

Desde luego debe incluir la agenda de la defensa de los derechos humanos de todo tipo y el combate a la discriminación y la lucha por las libertades. Donde obviamente se deben incluir los derechos humanos de los migrantes, nacionales e internacionales. El reconocimiento de todos los derechos y la cultura  de los indígenas, de los pueblos originarios y de los afrodescendientes.

Aunque lo hemos señalado con anterioridad, la agenda de políticas públicas y de posicionamiento deberá incluir un fuerte combate a las desigualdades y a la pobreza, particularmente a la pobreza extrema, no solo por razones éticas y de justicia, sino también como un requisito para una desarrollo armónico de toda la sociedad y lograr mejores niveles de bienestar social y humano.

Finalmente, crear toda una nueva relación de políticas públicas que permitan resolver los problemas y demandas que hoy  afectan a nuestras sociedades. Construir un nuevo discurso y un nuevo corpus conceptual y político para la izquierda internacional,  y desde  luego un nuevo código ético de comportamiento político.

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Sitio: http://www.ericvillanuevamukul.org

         

 

 

Relatoría Mesa I

CONVENCIÓN NACIONAL DE NUEVA IZQUIERDA

Febrero de 2016

Relatoría de la Mesa I

Las izquierdas y los movimientos progresistas en la actualidad

 

Directiva de la Mesa: Rafael Hernández Estrada, presidente, Tania Roque y Melisa Montes, secretarias.

Con la participación de 72 convencionistas se instalaron los trabajos de la mesa 1 de la Convención Nacional de Nueva Izquierda.

A  nombre de la comisión redactora del documento rector de esta mesa, Rafael Hernández Estrada hizo la exposición de dicho documento.

Se escuchó la participación de Erick Villanueva, quien expuso su documento alternativo. Asimismo, se escucharon las participaciones de Rafael Hernández Nava y de Teresa Ramírez, quienes presentaron documentos en lo general. Acto seguido se abrió una ronda de participaciones de los convencionistas presentes.

ACUERDO 1. Aprobación del documento rector de la mesa 1.

Se aprobó por unanimidad el documento rector en lo general, con las siguientes observaciones:

1.- Incorporar una parte introductoria que recoja los conceptos y el análisis de la situación actual, contenidos en el documento presentado por Erick Villanueva, así como también las partes dl escenario general del documento de Rafael Hernández Nava y la crítica al populismo contenido en el documento presentado por Teresa Ramírez.

2.- Derivar a otros incisos del documento rector los siguientes puntos propuestos por Erick Villanueva: los conceptos de la vieja izquierda ya no nos sirven para comunicarnos con los más jóvenes; transformar el régimen político para incrementar la participación ciudadana y avanzar al parlamentarismo; ciudadanizar los partidos y eliminar el clientelismo; retomar vínculos con los movimientos sociales y ciudadanos.

3.-  Tener presente la perspectiva de género en todo el documento; que el objetivo de la izquierda es el cambiar la realidad para lograr la equidad social y constituirse como una fuerza propositiva.

ACUERDO 2. Aprobación del inciso a)  Los paradigmas ideológicos de las izquierdas; evolución, crisis y actualización.

Después de escuchar el documento presentado por Amaranta Villa, y desahogar la lista de oradores, se aprobó en lo particular, por unanimidad,  el inciso a) del ocumento rector con las siguientes observaciones:

1.- Definir a Nueva Izquierda y al PRD como una fuerzas socialdemócrata o socialista democrática, que asocia los referentes centrales de la lucha por la igualdad y las libertades, reformista, electoral y que plantea reformas sucesivas ascendentes; Estado de Bienestar, derechos de la mujer, de la diversidad sexual, desarrollo sustentable, Estado laico y Estado democrático de derecho.

2.- Partir de dos conceptos básicos que son los derechos humanos y la igualdad sustantiva; reivindicar el Pacto por México; sustituir el concepto multiétnico por el de multiculturalismo; acotar las menciones que se hacen a MORENA y a AMLO, sin dejar de criticar al populismo; promover el debate para lograr la socialización de las ideas.

ACUERDO 3. Aprobación del inciso b) Las izquierdas gobernantes; experiencias y resultados.

Después de escuchar los documentos presentados por Jazmín Nava y Nancy Cárdenas, así como de desahogar la lista de oradores, se aprobó por unanimidad el inciso b) del documento rector, con las siguientes observaciones:

1.- Se propusieron diversas ideas para profesionalizar a los cuadros de la administración pública de los gobiernos perredistas, tales como una escuela política, una incubadora que genere propuestas de cuadros con experiencia; retomar la divisa de gobernar para todos.

2.- Erradicar la mala práctica de heredar los puestos políticos, así como el nepotismo y la corrupción.

3.- Generar políticas públicas que beneficien a toda la población.

4.- Evaluar a los gobernantes y representantes populares, para lo cual se debe integrar una comisión  y establecer un índice de productividad; se deben retomar las experiencias de los gobiernos perredistas y defender sus aciertos.

5.- Que en una parte introductoria de este inciso, se refieran logros y problemas de los gobiernos de izquierda en Europa, para después analizar los de América Latina, para continuar con los gobiernos del PRD en los estados y en la Ciudad de México.

6.- Promover que la Constitución de la Ciudad de México, sea ejemplar y de vanguardia.

7. Tener identidad con la gente, tocar puerta por puerta. 

ACUERDO 4. Aprobación de los incisos c) Agenda programática de la izquierda, d) el partido y los movimientos sociales y e) hacia la construcción de una izquierda democrática. 

Después de escuchar las presentaciones de los documentos de Víctor Cruz, Diana Sánchez Barrios y de desahogar una amplia lista de oradores, se aprobaron por unanimidad los incisos c), d) y e) del documento rector, con la siguientes observaciones. 

1.- La elaboración de la agenda programática debe hacerse en un proceso de consenso con la gente y de vinculación con los movimientos sociales. 

2.- Retomar la participación ciudadana, obligar a los funcionarios públicos a la rendición de cuentas, establecer en la ley la revocación del mandato. 

3.- Reivindicar la movilidad como un derecho humano y establecer la planeación democrática del desarrollo. 
4.- Crear una coordinación nacional de enlace con las organizaciones sociales. Corregir en el documento la referencia a las organizaciones campesinas. 

5.- Plantear una agenda legislativa que incluya las leyes reglamentarias de los artículos 2 y 4 constitucionales, la lucha contra la corrupción, contra las desapariciones forzadas, la tortura, el interés superior de la niñez, y la seguridad pública desde el enfoque de la seguridad humana. 

6.- Proponer una política de alianzas para 2018, con otros partidos de izquierda y progresistas, así como con personalidades externas. 

ACUERDO 5. Redacción final del documento del Tema 1.

La directiva de la mesa de trabajo, se reunirá el próximo lunes para llevar a cabo la redacción final  del documento rector del tema 1, aprobado por esta Convención Nacional.

Dicha reunión se convocará a los integrantes de la comisión redactora originalmente designada por la comisión organizadora, quienes son: Ana Unzueta, Elena Tapia, Tere Ramírez, Guadalupe Almaguer, Erick Villanueva, Isaías Villa, Tania Roque y Rafael Hernández Estrada, así como a los demás integrantes de la mesa de trabajo que decidan concurrir. 

 


[3] http://www.proceso.com.mx/408611/el-1-de-mexicanos-concentra-casi-la-mitad-de-la-riqueza-oxfam. Se incrementa la desigualdad de manera dramática: Oxfam. La jornada. México. 18 de enero de 2016.

[4] ANÁLISIS GENERACIONAL DE LOS VOTANTES Y SU IMPACTO EN LA VIDA POLÍTICA DEL MÉXICO CONTEMPORÁNEO Y DEL FUTURO. Helix. Estrategia de Marca. México, 2015.

[5] Ibíd.

[6] Boaventura De Sousa Santos. La izquierda del futuro: Una sociología de las emergencias. La jornada. México, 5 de enero de 2016.

[7] Latinobarometro 2015.

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