“Reformarse para reformar a México” por Jesús Ortega M.

11, agosto, 2015 / Artículos / Nueva Izquierda

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Derivado de la tesis de que en política no se dan fenómenos de generación espontánea, es necesario comprender que un PRD transformado, reconstruido, surgirá de lo que hemos sido en los 26 años de nuestra existencia y de lo que somos ahora.

Por eso, no se trata de refundar al PRD, es decir, no se trata de volver a fundar a otro PRD, como si lo que hubiésemos hecho antes no tuviera ningún significado. Se trata, más bien, de reconocernos en lo que somos y hemos sido para a partir de ello, identificar lo que debemos hacer ahora en una nueva etapa del permanente proceso de cambio de nuestro partido y de la sociedad mexicana.

Más que refundarnos, como si ello se tratara de algo inédito, de algo que buscamos construir de la nada, requerimos reformarnos, es decir, adquirir contenidos y formas nuevas que debieran orientarse a terminar con viejos hábitos, costumbres y contenidos anacrónicos.

Tampoco se trata de refundarnos para volver a nuestros orígenes, pues eso implica un comportamiento conservador. En sentido diferente, lo que debiéramos alentar es una profunda reforma del PRD para construir algo nuevo y diferente. No refundarnos, sino continuar construyéndonos y reconstruyéndonos en algo nuevo de manera permanente; en algo que responda eficazmente a las nuevas circunstancias que están presentes ahora en México y en el mundo.

Para lograrlo es necesario, entre otras acciones, desprendernos de la pesada carga de las ideologías. Los antecedentes principistas y programáticos del PRD se construyeron a partir de ideologías: del marxismo-leninismo y del nacionalismo revolucionario. El PRD reformado debe desprenderse de esas ideologías, porque ya son pensamientos fosilizados, son cadenas que nos mantienen aprisionados en esquemas conceptuales que, claramente, resultan anacrónicos. Volver a nuestros orígenes ideológicos significaría un intento de regreso al pasado.

A la historia en general y a nuestra propia historia debemos tenerla en cuenta, pero no como si en nuestro reloj las manecillas giraran en sentido contrario al paso del tiempo, buscando obsesivamente regresar a nuestros orígenes. En sentido diferente, necesitamos una reforma con la vista puesta en el porvenir, es decir, con perspectiva progresista.

¿Lo anterior significa que ahora entenderemos a la política sin principios, sin ideario, sin ideales, sin sueños, sin paradigmas? ¡No! Desde luego que no, pues, por el contrario, lo que debemos hacer es reformar nuestro quehacer político a partir, principalmente, de renovar nuestro pensamiento de izquierda para ubicar nuestros nuevos paradigmas, aquellos que correspondan a las realidades del mundo en el siglo XXI. No habrá renovación, no habrá manera de cambiar nuestra concepción de la política de izquierda sólo con voluntad política. La voluntad es inútil si no somos capaces de redefinir, desde el pensamiento, un nuevo rumbo y nuevos paradigmas.

En ese sentido, se ubica en la innovación del programa de nuestro partido. Cuando hablo del programa del PRD no me refiero al éter, aquella sustancia que, desde la visión de los griegos antiguos, respiraban sólo los dioses, en contraste con el aire pesado que respiraban los simples mortales.

¡No! Cuando me refiero al cambio de programa partidario, hago referencia a la necesidad de contar con propuestas claras, diáfanas, concretas, específicas, con las que el PRD debe ir al encuentro de las y los ciudadanos; las mismas que deben dar sustento al esfuerzo y la lucha por construir una sociedad diferente identificada con la igualdad, con la democracia, con la garantía de acceso por todas y todos a una vida digna, a los derechos humanos, a la justicia, a las libertades. Cuando hablo de programa del PRD, hablo de la propuesta para la nación que nos haga diferentes ante las fuerzas conservadoras y que, debe ser tan cierta y correcta, que nos pueda acercar, sin reservas, al conjunto o a la mayoría de las y los mexicanos.

P. D.: Mientras en el PRD iniciamos un proceso para innovar nuestro actuar político, el cual incluye la renovación de nuestra dirigencia de forma colectiva, en el PRI retornan de manera evidente al pasado con la virtual designación, por parte del titular del Ejecutivo federal, de su nuevo presidente nacional, quien ya mandó el mensaje de que se terminaba con la idea de la sana distancia entre el gobierno y su partido…

Twitter: @jesusortegam

 

 

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