Una Constitución del siglo XXI

12, abril, 2016 / Artículos / Nueva Izquierda

Tanto la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos como las diversas constituciones de los estados libres y soberanos de la República, son producto de los pactos sociales del siglo XX, inspiradas, la mayoría de ellas, en textos constitucionales del siglo XIX. La Constitución de la Ciudad de México deberá rescatar lo mejor del constitucionalismo mexicano y de otros países, pero deberá ser una expresión consolidada del pacto social de este territorio, ya entrado el siglo XXI.

 

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Así, la Constitución de la CDMX deberá transitar por dos rieles: 1) el de la sociedad de derechos y responsabilidades para la ciudadanía y, 2), el de las libertades sobre la base de relaciones sociales democráticas y civilizadas. Para que realmente pueda recorrer esas vías, la nueva Constitución no deberá ser una suma interminable de deseos, sino un texto conciso de definiciones acerca de cuáles son los derechos y cuáles las obligaciones que las y los habitantes de la capital deberemos ejercer y cumplir.

Para redactar una Constitución que cumpla con lo anteriormente descrito, se deberán tomar en cuenta los siguientes conceptos:

Democracia: sus reglas son para nosotros esenciales. Sin demagogia populista; la ciudadanía debe decidir el rumbo que la ciudad debe tomar, involucrándose en la generación y concreción de propuestas.

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Libertad: este concepto es el medio para la realización de las reformas económicas, sociales y políticas. Necesarias para combatir la desigualdad y garantizar la expansión sostenida y sustentable de la economía, así como la convivencia civilizada y armónica.

Igualdad: una sociedad de derechos en la cual exista una creciente igualdad social y económica, entre los géneros con base en la utilización sustentable de los recursos naturales y la capacidad productiva del trabajo en beneficio de todas y de todos.

 

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Derechos humanos: deben reconocerse plenamente todos los derechos humanos, económicos, sociales, culturales, civiles, políticos y ambientales. Reafirmando su carácter universal e inalienable, progresivo e integral, indivisible e interdependiente y por superar las limitaciones actuales que obstaculizan su ejercicio y plena vigencia.

Inclusión: ninguna solución para la problemática del país puede surgir de la exclusión, el sectarismo, la imposición o la confrontación. Buscamos representar a las grandes mayorías, pero promoviendo y defendiendo los derechos de las minorías.

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Pacifismo: estamos convencidos de que nuestro actuar debe desenvolverse por medios pacíficos, cuestionando otras visiones, siempre con respeto, sin agredir ni descalificar, centrándonos en el impulso a alternativas propositivas. Las vías pacíficas no significan únicamente el rechazo a la violencia, sino un compromiso con el respeto a la dignidad de las personas con tolerancia y reconocimiento de la pluralidad.

Cultura de la legalidad: la clave se encuentra en la expresión: “Libertades orientadas a coexistencia en libertad”, de Giovanni Sartori. Una izquierda contemporánea y libertaria debe asumir que en las sociedades democráticas o con aquellas que aspiran a serlo, el ejercicio de las libertades y los derechos de los ciudadanos tienen el límite del ejercicio de las libertades y los derechos de los demás; que no hay libertades absolutas y que este ejercicio está limitado al ejercicio de las libertades de los otros. En la democracia los individuos, los grupos sociales, económicos, políticos y de manera especial el gobierno deben estar todos sujetos a la ley.

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Bajo estas premisas impulsaremos la redacción de una Constitución para la Ciudad de México, la cual deberá ser real, entendible y comprensible, pero sobre todo, exigible en su cumplimiento.

Twitter: @jesusortegam

 

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